lunes, 24 de septiembre de 2007

Prometeo y el Arte de robar el Fuego

PROMETEO, El Titán

Urano en la carta natal

¿Qué hay en la esencia del propósito uraniano y cuál es la naturale­za del dios? Empezaremos con Prometeo, porque, entre los astrólogos más entendidos, él es la figura que más a menudo se asocia con Urano. Todos deberían leer el pequeño libro de Rick Tarnas, titulado Prometheus the Awakener [Prometeo, el que nos hace despertar]. Resulta muy útil abordar a Urano mediante la exploración de esta figura. Si bien en el mito no hay ninguna historia que implique una conexión directa entre el dios celestial Ouranos y el Titán Prometeo, todos los Titanes (incluido Prome­teo) descienden de este dios.

Probablemente ya todos conocen en líneas generales el mito princi­pal de Prometeo. ¿Hay alguien que no? Bien, eso me evita tener que contar toda la historia. Pero podríamos enfocarnos, para mejor provecho, en ciertas características importantes. Antes que nada, deberíamos consi­derar su naturaleza titánica y lo que ella implica. Los Titanes no son dio­ses en el mismo sentido que los del Olimpo, como Zeus/Júpiter o Afrodita/ Venus. Los mitos, igual que los sueños, son sumamente precisos cuan­do describen algo. No son imprecisos ni descuidados ni ambiguos, aun­que evolucionan con el tiempo y cambian, ya que sufren adaptaciones por las necesidades de las distintas culturas a lo largo de la historia. Los mitos son muy específicos en la manera en que plantean las cosas, de modo que, si en un mito una figura divina es un Titán y no un dios olímpi­co, esto nos dice algo muy importante. Los Titanes son los hijos del cie­lo, pero son espíritus terrestres y están corporizados, porqu e su madre es Gaia, la Tierra.

Entonces, Prometeo en verdad no es un habitante del reino celes­tial. Tiene un espíritu uraniano, pero su cuerpo está hecho de tierra, y puede sufrir dolor, como siempre termina haciéndolo. Se podría decir que en cierto modo está conectado con el espíritu celestial o divino encarna­do; en otras palabras, con el costado de las aspiraciones o visiones de la naturaleza humana, contenidas en el mundo de la forma. De hecho, a Prometeo -cuyo nombre significa 'pre-visión'- se le adjudica la creación de los seres humanos, a quienes forma de arcilla, después de lo cual Atenea les insufla vida para animarlos.

Prometeo es un mago, un artista y un portador de cultura. Les ense­ña astrología, arquitectura y navegación a los seres humanos: de hecho, todo lo que involucre el conocimiento de cómo funciona el sistema cós­mico u holístico. Al respecto, es distinto de otros portadores de cultura que ofrecen artes u oficios muy específicos, como el tejido (don de Atenea). El conocimiento de Prometeo siempre incluye algo celestial o cósmico que se traslada a la forma terrena. Para la arquitectura se nece­sita entender de geometría, que, como todos los idealistas platónicos saben, tiene en última instancia una naturaleza cósmica; la astrología y la astronomía, obviamente, son aspectos del conocimiento cósmico. Debemos tener una amplia comprensión de todo el sistema para que estas artes y ciencias funcionen. Entonces, Prometeo es una especie de daimon inspirador. Es una fuerza dentro de la psique, que tiene acceso al cono­cimiento sobre el modo en que funciona el sistema cósmico y sabe cómo aplicarlo a los asuntos cotidianos de los seres humanos.

Lo más importante es que Prometeo roba el fuego cósmico y se lo entrega a los seres humanos, contra los deseos de Zeus. Este es un tema que ha fascinado a artistas y escritores a lo largo de los siglos. ¿Qué significa eso de robar el fuego? Si podemos comprenderlo, habremos aprehendido con qué se relaciona Urano en realidad. Rick Tarnas asocia al fuego de Prometeo con "la chispa creativa, el avance cultural y tecno­lógico, el aumento de la autonomía humana, el don liberador de los cielos, la iluminación repentina, el despertar intelectual y espiritual"2. Yo agrega­ría otra interpretación a esta lista: Prometeo les roba a los dioses el poten­cial de la conciencia. El fuego del que se apropia es solar, es la chispa divina de la inmortalidad, de la conciencia del yo, que existe dentro de cada ser humano. Es también el fuego de la imaginación y de la visión, a través del cual la divinidad solar y la creatividad individual se hacen conocer.

El fuego en las mitologías del mundo siempre está asociado a la divinidad y al espíritu eterno, y seguimos preservando este simbolismo en expresiones tales como la "llama eterna" en la Tumba del Soldado Desconocido o en el Monumento al Holocausto en Jerusalén. Estas lla­mas, dado que arden permanentemente, nos recuerdan que, si bien los individuos murieron, tienen vida eterna. En la historia de Prometeo, cuando los seres humanos fueron creados, no recibieron el don del fuego, por­que si lo hubieran tenido habrían sido como dioses, habrían poseído el poder de crear igual que ellos, pero Zeus lo prohibió y, como resultado, los humanos fueron como las bestias, colectivos en esencia y sumamente sujetos a las fuerzas de la naturaleza. En otras palabras, no tenían con­ciencia de sí mismos ni de su poder creativo.

Prometeo, con su don de la pre-visión, vio el potencial de la concien­cia humana, y esa es otra característica sumamente importante de esta figura titánica. Tuvo la visión de lo que los seres humanos podían ser si se les permitía satisfacer el potencial que les había sido dado. Enton­ces, se opuso a los dictados de Zeus, le robó una pequeña chispa de fuego solar, la escondió en el hueco del tallo de un hinojo y bajó con ella a la tierra, donde se la entregó a los seres humanos. No se lo dio a una persona especial o elegida, sino a todos. Como resultado, re­cibió un terrible castigo por ese pecado del robo -como fueron castiga­dos los seres humanos- por intermedio de Pandora, con su famosa caja de aflicciones, aunque, una vez que la humanidad tuvo el fuego, ya no fue posible quitárselo.

Hay muchos temas interconectados en este mito. El robo del fuego solar, la retribución divina y la visión del potencial humano son imágenes arquetípicas fundamentales. A partir de ellas podemos empezar a hacer­nos una idea de lo que podría ser el núcleo de Urano. Urano puede ver lo que es posible, porque hay conocimiento de cómo funciona el sistema cósmico. No es preconocimiento "parapsicológico". La "pre-visión" de Prometeo es exactamente eso, la capacidad de ver por adelantado; es visionaria más que parapsicológica o instintiva.

Urano ve las cosas con claridad, y reconoce patrones y potenciales que pueden definirse. Prometeo, que es un espíritu uraniano, puede ver con anticipación basándose en su conocimiento del modo en que funcio­na el proceso evolutivo cósmico. Sabe que si se les entrega el fuego a los seres humanos ocurrirán ciertas cosas, se alcanzarán ciertos poten­ciales. Tiene pleno conocimiento de cuáles son esos potenciales porque, en primer lugar, fue quien creó a los seres humanos. Dado que les trajo el fuego, pueden aprender las ciencias y artes que él enseña, y aplicar­las con inteligencia y creatividad, en lugar de repetirlas de memoria. Comprenden lo que él enseña, con todas las implicancias y posibilida­des, porque tienen la chispa del fuego solar. El conocimiento y el fuego van de la mano. A un nivel más profundo, son la misma cosa.

Lo que enseña Prometeo es el fuego solar. En la obra de Esquilo ti­tulada Prometeo encadenado, el Titán hace un soliloquio mientras per­manece encadenado a su montaña. Primero, habla del doloroso estado en el que la humanidad se encontraba antes de su intervención:

Al principio, aunque veían, veían en vano. Y oían, pero sin entender. Como imágenes de ensueño, vivían en confusión a lo largo de toda su vida. Nada sabían de las casas de ladrillo que capturaban la calidez del sol. Nada sabían de carpintería.

Luego habla de todas las cosas que les ha entregado a los seres humanos:

[...] Les enseñé la salida de las estrellas y ocasos difíciles de recono­cer. Y encontré Número para ellos -el principal mecanismo de todos-y agrupamientos de letras, esa memoria tallada que es la madre de las Musas.

En efecto, les ha dado a los hombres el medio de dominar la naturaleza, a través del poder de la visión y del conocimiento de los patrones y leyes más elevados. Esto les permite liberarse de la esclavitud de los ciclos instintivos de la tierra y tomar el dominio del planeta en el que vi­ven. Pueden crear lo que de manera eufemística llamamos civilización. Ese es el resultado del fuego que roba Prometeo; o, al decir de Esquilo, que nos ofrece el verdadero remate del "chiste" uraniano:

Liberé a los hombres de la contemplación de la muerte.

Si consideramos a Prometeo como una imagen psicológica, y lo en­tendemos como algo que está en el interior de todos los seres humanos, podemos empezar a reconocer el modo en que opera este espíritu uraniano desde los albores de la historia de la humanidad. Por cierto, ha existido a pesar del hecho de que el planeta recién fue descubierto en 1784, pero, desde entonces, colectivamente hemos tomado conciencia de poseerlo, aunque sea de una manera vaga y torpe, y el descubrimien­to de Urano coincide con el nacimiento de lo que se ha dado en llamar el Siglo de las Luces; pero seguiré hablando de esto más adelante. George Bernard Shaw una vez dijo que el hombre equilibrado acepta al mundo tal como es, el desequilibrado intenta cambiarlo permanentemente; por lo tanto, todo progreso depende del hombre desequilibrado. Será que, tal vez, debamos ser un poco locos para recibir lo que Prometeo trata de enseñarnos.

Si pensamos en cómo evolucionan los animales y las plantas, pode­mos ver que no avanzan como lo hacemos nosotros; no sienten el impul­so de dominar a la naturaleza por una visión de potencial perfección. Ellosevolucionan a partir de la necesidad. Los cambios en los reinos de la naturaleza se producen de manera muy lenta y en concordancia con las presiones del clima, del alimento disponible y del peligro de los predado­res; son parte de una vasta red de vida que se encuentra interconectada y se desarrolla lentamente, de la que nuestros antepasados tenían ple­na conciencia, aunque nosotros recién ahora estamos empezando a re­conocerla como parte de nuestra cosmovisión moderna. Pero el ser hu­mano, que es el receptor del don del fuego solar, tiene esa idea irrefre­nable de que puede, de un modo u otro, conquistar los poderes y patro­nes de la naturaleza.

Con toda claridad podemos ver el funcionamiento de Urano en la historia si comprendemos la visión de Prometeo. En d iversas coyuntu­ras, el individuo -o un grupo de individuos- de repente experimenta una revelación de que algo se puede mejorar, transformar, liberar o cambiar; los potenciales que antes no se habían detectado, súbitamente se tor­nan obvios. Urano siempre parece llevar una visión del potencial huma­no: el potencial de ser como dioses, de crear un universo; he aquí al hombre queriendo ser dios. El mismo Titán Prometeo no quiere ser dios -si bien no pertenece al Olimpo-, no se apropia del fuego solar para sí mismo, aunque lo hubiera podido hacer con toda facilidad. Lo que hace es darles a los seres humanos el deseo de ser dioses, al brindarles la visión para reconocer los potenciales divinos.

Greene, Liz, URANO EN LA CARTA NATAL. Prometeo y el arte de robar el fuego., Ed. Kier, Bs. As., 2007, pp. 14-19 (ver)

3 comentarios:

Victor dijo...
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Victor dijo...
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Victor dijo...

Es muy interesante el artículo. Para muestra un botón. Revisen este enlace httt://www.promethe.org.mx